Escrito

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Even though I designed FF Meta (with Christian Schwartz and Kris Sowersby), I do agree with the analysis that it looks a little more formal than FF Tisa. We designed MetaSerif to be the more mainstream companion to FF Meta and looked at Times New Roman. Meta has been called the Helvetica of the 90s, and we would like to think that MetaSerif could become the Times of the 21st century. We didn’t make it as quirky as

Meta Sans which was designed in the late 80s as one of the first “alternative” and more humanistic Sans faces.Even though I designed FF Meta (with Christian Schwartz and Kris Sowersby), I do agree with the analysis that it looks a little more formal than FF Tisa. We designed MetaSerif to be the more mainstream companion to FF Meta and looked at Times New Roman. Meta has been called the Helvetica of the 90s, and we would like to think that MetaSerif could become the Times of the 21st century. We didn’t make it as quirky as Meta Sans which was designed in the late 80s as one of the first “alternative” and more humanistic Sans faces.

Even though I designed FF Meta (with Christian Schwartz and Kris Sowersby), I do agree with the analysis that it looks a little more formal than FF Tisa. We designed MetaSerif to be the more mainstream companion to FF Meta and looked at Times New Roman. Meta has been called the Helvetica of the 90s, and we would like to think that MetaSerif could become the Times of the 21st century. We didn’t make it as quirky as Meta Sans which was designed in the late 80s as one of the first “alternative” and more humanistic Sans faces.

Lo que le debo a los sueños (las llamas)

Llevo días buscando en internet cómo dejar de soñar. Escribo en el buscador “cómo dejar de soñar tanto reddit”. Me encuentro con ese lado del internet que hasta una embolia la quieren reparar con mindfullness. Intento otra vez. Diferentes palabras. Mismo desespero. No sé si desespero. Hay algo de desesperación en el tecleo, sí, pero tampoco mucha. No es un grito de ayuda; diría yo que es más una voz alta pidiendo rescate, como me imagino que se ahogaría un oceanólogo en el Atlántico… contento de que sea una vieja obsesión y no cualquier pendejada la que le esté apretando la garganta. 

Yo quiero que mi cerebro, durante la noche, le pare a la ficción. Pero el tema es que no tanto tampoco. No quiero dejar de soñar completamente. Me da miedo. Tienes que entender, tú que estás leyendo esto, que yo le debo algo a los sueños. Tengo una deuda con ellos que me hace, como a quien dios le ha concedido un milagro, a veces odiar el cielo. 

Cuando empecé a escribir escribía sobre lo que soñaba. Estaba en la primaria y nada en el salón ni el patio parecía atraparme. Recuerdo vivir siempre aburrido. La mesa de los niños me provocaba una hueva y la de los adultos también. Escribía sobre lo que pasaba cuando me iba a ese más allá en mi cabeza. Un lugar que para mí a esa edad, era una mezcla entre lo que vivía en carne y lo que vivía en ficción.

Un día en la sala de espera del consultorio de mi papá vi una señora con un pie diabético. La piel de su pie estaba negra. Como muerta. Venía a que le arrancaran un dedo. La señora en voz baja repetía “las llamas, las llamas”. Me aterré. Mi papá después me explicó que ella sólo describía su dolor. Le ardía el pie. Y yo recuerdo soñar esa noche que la señora se iba al infierno sin aún morirse. De poquito en poquito. Condenada al infierno en vida. Las imágenes del sueño, crudas y crueles, hicieron que me despertara a las 2 de la mañana respirando fuerte. Me forcé a volver a dormir sin decirle a nadie. En mí había una culpa por haber soñado con el infierno. El sábado después, en catecismo, le conté a la Madre Jessica de la Parroquia del Buen Pastor lo que había soñado. Le pregunté por qué no soñaba con el cielo. ¿por qué el infierno? Y no me acuerdo qué me dijo pero seguramente alguna mierda que hizo que me tranquilizara. Porque no me acuerdo más de ese asunto. 

Muchos años después, como a los 17, escribí un cuento sobre una vieja que se iba al infierno de poco a poco, sin haberse aún muerto. Y la historia ni me acuerdo bien de qué iba pero creo que ella se vengaba de todo quien le había hecho mal para que se fueran al infierno antes que ella. O algo así. Gané tercer lugar en un concurso de cuento corto. Me mandaron un diploma impreso en opalina y una tarjeta de 600 pesos para librerías Gandhi que ni había en mi pueblo y la tuve que guardar hasta que fuéramos a Monterrey otra vez. Recuerdo que el tercer lugar me dolió. Yo creía merecer el primer lugar pero en esas épocas, como ahora, escribía sin saber usar bien el punto y coma. Y me resigné a pensar que seguramente el cuento que ganó el primer premio estaba escrito con un buen uso del punto y coma. Y está bien. Porque yo no quiero aprender a usarlo. Pero en ese entonces pensaba que mi cuenta era superior en planteamiento. Sobretodo porque el cuento ganador se trataba sobre unos niños buscando un calcetin metiéndose a una lavadora y terminando en otro mundo. Sorry pero eso es claramente plagio de Narnia y aparentementa NADIE lo notó solo yo. Ya no importa. Lo superé como un año después (creo). 

Les cuento esta historia que es una de varias donde lo que sueño me ha llevado a explorar algo. No forzosamente a escribir cuentos que ganan concursos porque eso solo pasó una vez. Pero he tenido otros sueños (muchos y no todos tan horribles) que me hacen pararme en la mañana más interesado en el allá que en el aquí. Y me mantienen, de cierta forma, en un lúcido entre los dos. Menos aburrido.

Pero el problema es que no descanso. Que sueño y sueño y sueño y sueño y sueño y sueño y me levanto puteado. Como saliendo de ver una de esas películas que recomienda tu amigo con licenciatura en cine donde todo es contemplativo al incio y muy lento y laaaaaaargo y los planos de la nada se vuelven locos y la trama explota e implota en esperanza de probar algun punto argumentativo y terminas sin entender nada y un poco cansado y pensando que tu amigo que estudió cine puede a veces llegar a rallar en lo pretencioso porque un día lo viste reirse en intensamente 2. Así sueño yo. Un caos en una cabeza. 

Dime tú, que sigues leyendo esto y ahora sabes de lo que hablo, si no le debo algo a mis sueños. Dime si es egoísta de mi parte querer pedirles que se calmen. Porque siento que es como pedirle a alguien que pare de sonreír. O mejor dicho: decirle a alguien que tiene una fea sonrisa. Convencerlo de que algo que se siente tan bien le sienta mal. Pues así me siento: creo que convencí de que soñar es algo malo. 

Pero no.